30.9.26

Octubre 2026

 

“Ahora caigo en la cuenta del poder que tiene una sincera sonrisa. Este simple gesto puede hacer que se desvanezca la tempestad de un corazón, disipa nubes de tristeza y hace que el sol vuelva a salir.

Compruebo que una sonrisa sincera puede ser la llave que abra la confianza de una persona que se siente aislada y no se atreve a abrir sus puertas a nadie.

La sonrisa facilita las cosas y allana los caminos. Puede ser el bálsamo que cure alguna herida.

Hay sonrisas fáciles y superficiales, pero en algunas ocasiones una sonrisa puede ser un acto del todo heroico, que se va gestando lentamente en el corazón, con cuidado exquisito, y luego, fortalecida, se abre paso entre el dolor y los recuerdos oscuros del pasado, y al fin puede florecer hermosa como un milagro. Una sonrisa es un arma de la luz, tan poderosa o más que las armas de las tinieblas. Pienso, qué no podrá entonces la sonrisa de Dios. 

Irene Guerrero, ocd, Llueven rosas, p. 43. 

31.8.26

Septiembre 2026

 

 Llegar a ser amiga de Dios y amiga de todos y todas: ese puede ser un resumen de lo que Teresa quiere conseguir con la formación de sus hermanas. No hace mucha diferencia entre formación inicial y permanente. Teresa sabe por propia experiencia que a veces los inicios no tienen tanta necesidad de teoría porque la vivencia, la sorpresa o la emoción del encuentro con el Señor llenan el corazón y lo conducen casi sobre alas por el “camino de perfección”. 

Pero también sabe que este apoyo sensible no dura mucho y que no es fundamento sólido para toda una vida. Y advierte desde el principio con breves y muy tajantes palabras a qué han venido las que se quieren adherir a su forma de vida contemplativa: “Determinaos, hermanas, que venís a morir por Cristo” (CE 15,3). Por dónde Él anduvo quiere andar esta vida, lo que Él padeció lo quiere padecer, sin adornos ni escapatorias piadosas.

Toda la formación teresiana se podría resumir en esto: conocer al amor (Dios, Cristo) y responder a él yendo por el camino evangélico, con suavidad y discreción, que son los pilares fundamentales de la espiritualidad teresiana. Amor hasta el extremo de todas las fibras de la persona en bien de los demás y para la gloria de Dios.

(Cristina Kaufmann, ocd. La mística en Teresa de Ávila) 


31.7.26

Agosto 2026

(Imagen tomada de Instagram. Vivir como los santos)

Juan era bien conocido por su capacidad de escucha. Se decía que “no gustaba de los maestros que pasan el tiempo hablando a los novicios, en vez de ponerse a su nivel y guiarlos según cada uno”. 
 Cuando escuchaba, buscaba el aprender y el compartir un camino. Le caracterizó la delicadeza hacia los demás, porque él creyó que eso es lo que caracteriza a Dios. Lo decía llanamente, a pesar de que en aquellos tiempos se estilaba una severa uniformidad religiosa. 
No hay dos personas que sigan el mismo sendero, porque cada persona es única y Dios es variedad infinita. La flexibilidad es fundamental porque esa es la única manera de respetar la dignidad de cada persona, “la cual es en sí una hermosísima y acabada imagen de Dios (1S 9,1). 
Juan cree que ese es el método pedagógico de Dios: darse a sí mismo de manera que la persona pueda asimilarle.

Iain Mathew, El impacto de Dios.


1.7.26

Mirar con amor

 

Aprender a mirar es una de las tareas más importantes de la espiritualidad. Enseñar a mirar la vida, la realidad que nos rodea, cayendo en la cuenta de tantos matices, admirando… ¿Cómo mirar contemplativamente la realidad?

¿Cómo mirar a los otros con amor? Mirar a los que vemos por la calle, acoger y bendecir su vida.

Es una bella forma de orar: en el silencio, repasar los rostros y los nombres de las personas que quieres y ponerlos ante la mirada de Dios para que Él les bendiga, acogerlos en los espacios de tu silencio y mirarlos sin juzgar, sin poseer, con el cariño que Dios tiene a cada uno.

Lo que es bien cierto es que nunca lograremos mirar bien si antes no nos dejamos mirar y reconciliar, abrazando nuestra historia y creyendo desde las entrañas que nuestra vida es preciosa para Él.

Miguel Márquez, ¿Hacia dónde mirar?

30.5.26

Vivir en obsequio de Jesucristo


Fernando Donaire pone estas letras en boca de S. Juan de la Cruz: "Siempre me gustó la posibilidad de ser un regalo, un obsequio, una alegría para los demás. Por eso, cuando escuchaba en el refectorio la lectura de la regla primitiva, me quedaba en aquella frase que S. Alberto tomó del Apóstol en la que cifró la nueva manera de vivir de aquellos ermitaños. Y comprendí que ser obsequio no es más que  entregarse del todo al Todo, sin redes ni retornos. Confiar la vida a la generosidad más absoluta, la del Padre. La del que espera en el camino sin importarle más que la felicidad de los hijos, la del que no entiende de favores ni 
privilegios, la que se deja moldear por la voluntad del alfarero. Por eso pensé que mi vida como regalo tenía que ser barro que se dejase amasar al gusto del alfarero. Ese sería mi regalo, mi vida como barro, moldeable y abierto a las manos del alfarero.
(Fernando Donaire, Juan de la Cruz. Al natural. PPC 2025, p. 41) 
   

6.5.26

Dios se ha vuelto a nosotros

 


La oración cristiana es posible a partir de un Dios que se ha vuelto a nosotros, que nos ha hablado, que ha tenido “necesidad” de entrar en diálogo con nosotros. Este es el primer giro radical en la visión que implica el cristianismo.

La relación con Dios es el fundamento, la condición de posibilidad de la oración, y este fundamento lo pone Dios, no lo ponemos nosotros. No podríamos entablar una relación con Dios si Dios no hubiera entablado una relación con nosotros.

El punto de partida de la oración del cristiano es Dios mismo, es este Dios que ora en mí, es este Dios que es Espíritu Santo, que nos ha sido dado en el Bautismo y de ahí parte nuestra oración. Es Dios dado al hombre que dirige, que atrae al hombre hacia Dios.

(Saverio Cannistrà, Come essere Carmelitani scalzi oggi)

4.4.26

Pascua 2026



¡Oh, Hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis,
y sin dolor deshacéis,
el amor de las criaturas.

Oh, ñudo que así juntáis
dos cosas tan desiguales,
no sé por qué os desatáis,
pues atado fuerza dais
a tener por bien los males.

Juntáis quien no tiene ser
con el Ser que no se acaba;
sin acabar acabáis,
sin tener que amar amáis,
engrandecéis nuestra nada.

(Teresa de Jesús)