1.7.26

Julio 2026

 

Aprender a mirar es una de las tareas más importantes de la espiritualidad. Enseñar a mirar la vida, la realidad que nos rodea, cayendo en la cuenta de tantos matices, admirando… ¿Cómo mirar contemplativamente la realidad?

¿Cómo mirar a los otros con amor? Mirar a los que vemos por la calle, acoger y bendecir su vida.

Es una bella forma de orar: en el silencio, repasar los rostros y los nombres de las personas que quieres y ponerlos ante la mirada de Dios para que Él les bendiga, acogerlos en los espacios de tu silencio y mirarlos sin juzgar, sin poseer, con el cariño que Dios tiene a cada uno.

Lo que es bien cierto es que nunca lograremos mirar bien si antes no nos dejamos mirar y reconciliar, abrazando nuestra historia y creyendo desde las entrañas que nuestra vida es preciosa para Él.

Miguel Márquez, ¿Hacia dónde mirar?

30.5.26

Vivir en obsequio de Jesucristo


Fernando Donaire pone estas letras en boca de S. Juan de la Cruz: "Siempre me gustó la posibilidad de ser un regalo, un obsequio, una alegría para los demás. Por eso, cuando escuchaba en el refectorio la lectura de la regla primitiva, me quedaba en aquella frase que S. Alberto tomó del Apóstol en la que cifró la nueva manera de vivir de aquellos ermitaños. Y comprendí que ser obsequio no es más que  entregarse del todo al Todo, sin redes ni retornos. Confiar la vida a la generosidad más absoluta, la del Padre. La del que espera en el camino sin importarle más que la felicidad de los hijos, la del que no entiende de favores ni 
privilegios, la que se deja moldear por la voluntad del alfarero. Por eso pensé que mi vida como regalo tenía que ser barro que se dejase amasar al gusto del alfarero. Ese sería mi regalo, mi vida como barro, moldeable y abierto a las manos del alfarero.
(Fernando Donaire, Juan de la Cruz. Al natural. PPC 2025, p. 41) 
   

6.5.26

Dios se ha vuelto a nosotros

 


La oración cristiana es posible a partir de un Dios que se ha vuelto a nosotros, que nos ha hablado, que ha tenido “necesidad” de entrar en diálogo con nosotros. Este es el primer giro radical en la visión que implica el cristianismo.

La relación con Dios es el fundamento, la condición de posibilidad de la oración, y este fundamento lo pone Dios, no lo ponemos nosotros. No podríamos entablar una relación con Dios si Dios no hubiera entablado una relación con nosotros.

El punto de partida de la oración del cristiano es Dios mismo, es este Dios que ora en mí, es este Dios que es Espíritu Santo, que nos ha sido dado en el Bautismo y de ahí parte nuestra oración. Es Dios dado al hombre que dirige, que atrae al hombre hacia Dios.

(Saverio Cannistrà, Come essere Carmelitani scalzi oggi)

4.4.26

Pascua 2026



¡Oh, Hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis,
y sin dolor deshacéis,
el amor de las criaturas.

Oh, ñudo que así juntáis
dos cosas tan desiguales,
no sé por qué os desatáis,
pues atado fuerza dais
a tener por bien los males.

Juntáis quien no tiene ser
con el Ser que no se acaba;
sin acabar acabáis,
sin tener que amar amáis,
engrandecéis nuestra nada.

(Teresa de Jesús)

2.3.26

Retomar en nuestras manos nuestra propia vida

 

Tengo la impresión de que necesitamos retomar en nuestras manos nuestra propia vida, la madeja de la propia vida, y encontrarle el hilo. 

Pero como esto es difícil y requiere un camino de conocimiento propio, de reconocer tantas problemáticas, de docilidad, de humildad, entonces a menudo preferimos no intentar deshacer los nudos. Metemos el ovillo en un cajoncito y comenzamos experiencias muy ordenadas y bien construidas: liturgia perfecta, palabras bien dichas, claras; proyectamos algo que cuadra muy bien, que puede dar una impresión inmediata de seguridad y bienestar. 

El problema es que siempre está esa otra habitación oscura, donde arrojamos todo sin orden, y no sabemos como reordenarlo. Si no tenemos el valor de entrar en esa otra habitación y retomar esas cosas que son nuestras, que nos pertenecen, no sé si lo que ponemos en orden es nuestra vida o las construcciones que estamos haciendo.

Saverio Cannistrà, (Come essere carmelitani scalzzi oggi)