La oración cristiana es posible a partir de un Dios que se ha vuelto a nosotros, que nos ha hablado, que ha tenido “necesidad” de entrar en diálogo con nosotros. Este es el primer giro radical en la visión que implica el cristianismo.
La relación con Dios es el fundamento, la condición de posibilidad de la oración, y este fundamento lo pone Dios, no lo ponemos nosotros. No podríamos entablar una relación con Dios si Dios no hubiera entablado una relación con nosotros.
El punto de partida de la oración del cristiano es Dios mismo, es este Dios que ora en mí, es este Dios que es Espíritu Santo, que nos ha sido dado en el Bautismo y de ahí parte nuestra oración. Es Dios dado al hombre que dirige, que atrae al hombre hacia Dios.

