Tengo la impresión de que necesitamos retomar en nuestras manos nuestra propia vida, la madeja de la propia vida, y encontrarle el hilo.
Pero como esto es difícil y requiere un camino de conocimiento propio, de reconocer tantas problemáticas, de docilidad, de humildad, entonces a menudo preferimos no intentar deshacer los nudos. Metemos el ovillo en un cajoncito y comenzamos experiencias muy ordenadas y bien construidas: liturgia perfecta, palabras bien dichas, claras; proyectamos algo que cuadra muy bien, que puede dar una impresión inmediata de seguridad y bienestar.
El problema es que siempre está esa otra habitación oscura, donde arrojamos todo sin orden, y no sabemos como reordenarlo. Si no tenemos el valor de entrar en esa otra habitación y retomar esas cosas que son nuestras, que nos pertenecen, no sé si lo que ponemos en orden es nuestra vida o las construcciones que estamos haciendo.