Juan era bien conocido por su capacidad de escucha. Se decía que “no
gustaba de los maestros que pasan el tiempo hablando a los novicios,
en vez de ponerse a su nivel y guiarlos según cada uno”.
Cuando
escuchaba, buscaba el aprender y el compartir un camino. Le
caracterizó la delicadeza hacia los demás, porque él creyó que
eso es lo que caracteriza a Dios. Lo decía llanamente, a pesar de
que en aquellos tiempos se estilaba una severa uniformidad religiosa.
No hay dos personas que sigan el mismo sendero, porque cada persona
es única y Dios es variedad infinita. La flexibilidad es fundamental
porque esa es la única manera de respetar la dignidad de cada
persona, “la cual es en sí una hermosísima y acabada imagen de
Dios (1S 9,1).
Juan cree que ese es el método pedagógico de Dios:
darse a sí mismo de manera que la persona pueda asimilarle.
Iain Mathew, El impacto de Dios.
