31.8.26

Septiembre 2026

 

 Llegar a ser amiga de Dios y amiga de todos y todas: ese puede ser un resumen de lo que Teresa quiere conseguir con la formación de sus hermanas. No hace mucha diferencia entre formación inicial y permanente. Teresa sabe por propia experiencia que a veces los inicios no tienen tanta necesidad de teoría porque la vivencia, la sorpresa o la emoción del encuentro con el Señor llenan el corazón y lo conducen casi sobre alas por el “camino de perfección”. 

Pero también sabe que este apoyo sensible no dura mucho y que no es fundamento sólido para toda una vida. Y advierte desde el principio con breves y muy tajantes palabras a qué han venido las que se quieren adherir a su forma de vida contemplativa: “Determinaos, hermanas, que venís a morir por Cristo” (CE 15,3). Por dónde Él anduvo quiere andar esta vida, lo que Él padeció lo quiere padecer, sin adornos ni escapatorias piadosas.

Toda la formación teresiana se podría resumir en esto: conocer al amor (Dios, Cristo) y responder a él yendo por el camino evangélico, con suavidad y discreción, que son los pilares fundamentales de la espiritualidad teresiana. Amor hasta el extremo de todas las fibras de la persona en bien de los demás y para la gloria de Dios.

(Cristina Kaufmann, ocd. La mística en Teresa de Ávila)